Antipropósitos del 2007.

Encuentro de lo más fascinante esa entusiasta costumbre de algunas personas por formularse una y otra vez sus propósitos para el año nuevo: este año si haré ejercicio, este año bajaré de peso, este año acabo la tesis, este año si me caso... Pero no, ese año ni se casaron, ni se titularon, ni perdieron peso ni hicieron nada diferente de los otros años, incluyendo los propósitos de año nuevo, que como en los anteriores años, también esta vez son exactamente los mismos.

¿Inercia?, ¿Resistencia al cambio?; seria aburrido meternos en tales vericuetos ontológicos que nada más plantearlos ya empiezan a darnos flojera; a mí, al menos. Por eso, aceptando que cambiar es complicado, voy a proponerme no cambiar... así no hay pierde. Por eso, déjame enseñarte mi lista de anti - propósitos para el 2007; un colagge de todas esas cosas que hago y que voy tercamente a seguir haciendo le pese a quien le pese.

Independientemente de las personas a las que tenga el gusto o disgusto de conocer, aviso que no tengo planeado perder mi vena sarcástica. Se que no es sano conservarla, que es ser agresivo - pasivo y que a la mitad de la gente no le causa demaciada gracia; pero me caigo muy simpático cuando soy sarcástico y ni modo.

He hecho la concesión de madurar, pero quiero que quede claro que no envejeceré más de lo necesario, ni tengo entre mis planes el volverme solemne con el paso del tiempo. Lamentablemente seguiré jugando rol con mis amigos, viendo caricaturas, siendo surrealmente absurdo y viendo las cosas con desenfado. Después de todo, no se hacerlo de otra manera.

Para mí, hacer ejercicio es el único modo que tengo para dialogar con mi cuerpo; en el gym platicamos y veo como está, lo que le pasa y cómo se siente, y yo le digo que le eche ganas, que aún nos faltan muchos años y que estamos bien, que hacemos buen equipo. Se que eso a la gente la desconcierta, y dicen que soy adicto, superficial y mil cosas más. Esta bien, a veces lo que la gente habla dice más de sí misma que de a quién se lo dicen; así que seguirán hablando y yo seguiré en el gimnasio, aunque deba hacer mil malabares con mis horarios para que el tiempo me alcance.

Nop, no voy a casarme. La gente bienintencionada seguirá preguntando sin ninguna malicia porqué no me he casado y porqué no tengo hijos... o porqué no me ajusto a su heredado paradigma de lo que es una vida exitosa. Aviso que seguiré respondiendo con la misma ligereza burlona de siempre y nada más, básicamente por cortesía. No es necesario azotarle en la cara a esas pobres almas lo que yo opino de su modus vivendi y de la mediocridad con la que me parece que sobreviven sus vidas.

Y ligado con lo anterior: no, esto ni se cura ni tiene nada en sí que pueda arreglarse. Creo cada vez menos en la relación heterosexual y sus dinámicas, y mantendré mi proyecto de vida amorosa como va, aunque eso implique el que deba renunciar eróticamente a las féminas, a quienes parece que no les hace mucha gracia la bisexualidad monogámica. A la par, les pongo al tanto de que me seguiré negando a ser categorizado; si no me etiqueto yo, no veo la razón de dejar que alguien más lo haga por mí.

¿Narcisista?, ¿Egocéntrico? Perdonen pero tampoco va a quitárseme eso aunque se termine el año... o el mundo. Dejenme explicarlo: soy alguien habituado a decirle a la gente que conosco, en tanto que les conosco, que son excelentes personas, que les quiero y que son admirables; ¿sería igual de creíble si todo ello no me lo dijese también a mí mismo? Vamos, para reconocer que eres lo máximo, debo reconocer primero que también yo lo soy.

Desde niño he sido un esteta ...y veo con entusiasta resignación que lo seguiré siendo. Quizá pierda tiempo valioso de la vida, probablemente sea a corto plazo mucho menos productivo que los demás y es, además, tremendamente plausible que sacrifique la lógica a favor de la belleza, pero es así como quiero que sea mi mundo. Confío plenamente en el deleite visual, auditivo y táctil para energizarme el alma, porque además de esteta soy y seré irremediablemente un tremendo hedonista.

No me quitaré lo curioso, seguiré leyendo para coleccionar datos inservibles, haciendo preguntas obvias a la menor provocación y buscando insistentemente lo que sólo dios sabe qué. Aún seré metiche y preguntaré con inevitable indiscresión lo que caprichosamente deseo entender de las personas, independientemente de que elijan o no responder a mis preguntas... o actuar contra mis inoportunos comentarios cuando digo impulsivamente lo que creo que veo.

Dejo sentado que muy probablemente moriré sin haberme emborrachado una sola vez y mantendré mi necedad contra las drogas independientemente de lo que me siga costando. No hay juicios de valor de pormedio, no veo mal a quienes consumen ni me causa escozor de ningún tipo, pero al final, en mi proyecto de quién quiero ser, no se incluye el haber relegado el control de mí mismo a una sustancia ajena a mi modesto biometabolismo.

Me mantendré adicto a la gente, fluctuando entre mi soledad innerente y la socialización. Honrado por tener los amigos que tengo y contento por su compañía; buscando a cada momento aprender de ellos y a la par tratar de hacerles la vida más sencilla. Seguiré haciendo equipo para darle buena marcha a este negocio que es la vida.

Seguiré retando a mis miedos y dándoles caza sin cuartel, dándome cita con la angustia y mis debilidades, para luego verlas caer... o aceptarlas sin reparo una vez que resultan ser más fuertes de lo que suponía. Alcabo cualquier árbol puede dar frutos.

Quizá deba mencionar que continuaré siendo iconoclasta y contradictorio, perdone usted si cuestiono demasiado y pienso lo que digo luego de haberlo dicho. Soy una obra en construcción y no lo he podido evitar: me muevo de un extremo a otro del péndulo en la búsqueda del mítico punto medio, y a veces, una vez que lo he encontrado, me pasa que lo hallo muy gris y me refugio de nuevo en alguno de los extremos.

Tengo espíritu nudista, lo cual suele ser una garantía de que seré franco. Auguro en mi presente mediato más personas escandalizadas, más juicios y prejuicios y condenas a mi proceder, pero me he resignado. Seguiré desnudando mi alma en un afán presuntuoso por ser conocido... y no sólo el alma.

Dejo refrendado mi antiguo compromiso con la suerte. Seguiré cachondeando con la vida y convenciendo al universo de conspirar secretamente a mi favor. Vivir confiado es una forma de vivir y la fé un modo de percibir al mundo. Me declaro como un creyente sólido del karma, del cosechar sólo cuanto siembras y de lo justo, que no siempre se entiende bien desde lo humano...

Mantendré mi conflicto, haciéndome cargo de mí mismo y regodeándome en mis éxitos, pero encargándome de mis fracasos. Continuaré siendo terapéutico conmigo mismo, e inevitamblemente con los demás. Me he tratado como un otro al quien cuidar y a partir de eso he aprendido a cuidar a los verdaderos otros, pero aún me construyo conscientemente y esa chamba no acabará sino hasta haber muerto. Lo asumo, elegí el camino difícil y eso me vuelve heróico; y vuelve heróicos a otros, porque no soy el único que eligió esta forma de estar con la vida.

Helos ahí. No se trata de ser intransigente... pero es que la vida nos pone tantas y tan distintas situaciones, tantas personas y escenarios, que aunque no lo queramos ni nos demos cuenta, vamos cambiando; pensando, al final, como no hubiéramos pensado y actuando como jamás hubiéramos actuado. Quizá si en el presente definimos lo que no es lastre en nuestra forma de ser, podemos soltar con más facilidad lo que no nos importaría dejar atrás de lo que hoy somos, independientemente de si nos casamos, si nos volvemos ejecutivos de importantes empresas, si llegan los hijos, enviudamos, nos jubilamos o etcétera.

Es una manera de afrontar la incertidumbre del devenir, saber que pase lo que pase hay cosas que no cambiarán porque yo, en mi caso, no lo permitiría; y es un parámetro que para saber que hay lugares y situaciones a los que no correspondo, porque en ellos necesitaría cambiar alguno de los aspectos que en mí no están sujetos a discusión. Es, en general, algo como llevar un paso más allá el proyecto de mi vida, a favor de construir a través del tiempo la más importante de mis herramientas para salir adelante: yo mismo.
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Parejas sutrasexuales.

Ya Marina Castañeda, en su libro La Experiencia Homosexual, resaltaba el que algunos psicoterapeutas bienintencionados tendían a tratar a la pareja homosexual como si fuesen heterosexuales, bajo la consigna de evitar la discriminación y no partir en el acto terapéutico del estigma social. Sin embargo la estrategia no es funcional al cien por ciento.

Ni siquiera al 40...

No es una novedad el que una pareja hetero tiene una dinámica de relación distinta a la de una pareja homo, y tampoco es igual una conformada por dos hombres que otra de dos mujeres. Todos ellos fueron, muy probablemente, educados como heterosexuales y en un escenario hetero: si eres mujer, te realizas como tal embarazándote, siendo madre y teniendo hijos; si eres hombre, te toca realizarte siendo proveedor, macho y el que manda.

Los adeptos del psicoanálisis dirían que a unos les toca ser sádicos y a otras masoquistas, o sea, unos activos y las otras pasivas. Esto funciona cuando él y ella se unen en pareja, cada cual con sus roles establecidos, y no habrá conflicto, a menos que por cuestiones de personalidad o educación alguno de entre ambos cuestione estas directrices. Hasta ese momento todo esta equilibrado.

El conflicto llega cuando a un integrante de la pareja hetero le da por no querer cumplir con su rol y se revela, queriendo ser tan activa como se supone que es el hombre, o tan frágil como se supone que es la mujer, por poner un ejemplo. Habrá competencia, uno querrá la exclusividad del atributo que le corresponde según su género y la otra el suyo, por no mencionar que la mujer que quiere ser protegida, porque así le enseñaron, no querrá protegerlo a él y enfrentar la incertidumbre de sentirse descobijada; mientras él, que le educaron para ser “el que manda”, no querrá delegarle la decisión a ella pues le haría sentir menos masculino: menos hombre, siguiendo con el ejemplo.

No es necedad ni neurosis de su parte, es solo que estamos tan profundamente condicionados por la cultura que tomamos de la familia, los amigos, los medios y etcétera, que es lento en extremo el proceso aquél de liberarte de los estereotipos de género. La mujer no querrá ser menos mujer y el hombre no querrá ser menos hombre, porque de serlo, la sociedad los castigaría con la burla, la ley del hielo o la desacreditación neta.

En una pareja homo es casi igual. Educados para ser como se supone que deben ser hombres y mujeres, dos hombres que forman una pareja querrán ambos ser EL proveedor, EL que toma las decisiones y EL protector; dos mujeres en pareja querrán ser LA que nutra, LA maternal, LA que cuide con ternura del otro. El no conseguir la satisfacción de esta necesidad emocional por cumplir con su rol de género, genera el riesgo de vulnerar la imagen que tienen de sí mismos y el grado en que se quieren a sí mismos.

Como con la pareja hetero, entre dos personas gay, la competencia proviene de las ideas de género; sin embargo, mientras que en la primera se origina cuando cuestionan el rol que les determinaron seguir, en la segunda comienza desde el inicio y no finaliza sino hasta que cuestionan ese mismo rol. Por ello el conflicto venido de la competencia es más importante en una pareja homo que en su contraparte heterosexual.

Por otro lado, no está igual vista una pareja gay que una hetero, ¿cierto? Ser gay implica ser mal recibido, los cuchicheos de la gente y el estigma y la desacreditación en menor o mayor grado. Un homosexual es, por principio de cuentas, alguien que emplea el sexo únicamente para encontrar placer, sin ocuparse de las funciones reproductivas que su sexualidad tiene inherentes. Al menos eso dicen las voces de derecha.

Aquí en México está Provida, por ejemplo. Conozco chistes muy buenos contra ellos. Por no mencionar al Partido Ación Nacional, al que pertenece nuestro H. Presidente y a la Iglesia, en sus piadosos esfuerzos por hacer de nosotros buenos hombres y mujeres castrados, asexuales y tremendamente frustrados por ser. Sólo por ser.

La sexualidad ha sido y probablemente será tópico tabú y motivo de vergüenza, dentro del marco de esta vergüenza intrínseca que mantiene el ser humano por ser tan humano. La única excusa aceptable que la moral acepta para ser sexual es la reproducción, y lo inadmisible aparece cuando se ejerce la sexualidad sólo por placer. Menudo origen de todos los pecados: el placer. Todavía hay algunos que no entendemos que el placer viene luego de que te mueres, dentro de un paraíso de algodones de azúcar blanco que puede que exista y que quizá nos esté esperando; mientras tanto, es nuestro deber moral sufrirle y sangrarle en este valle de lagrimas que es la vida...

...y así quieren que tengamos salud mental?

A los homosexuales no se les mira con buenos ojos por ese pecaminoso hedonismo que se les atribuye, por esa contranaturalidad en la que incurren, y todo aquél que haya sido educado dentro de una cultura igual o paralela a la judeocristiana, va a aplicarles el estigma en pequeña o gran medida. Los hombres y mujeres gay nacieron en una cultura así, por lo que tampoco se salvan de ejercer el estigma y la discriminación contra otros homosexuales... y contra sí mismos.

Y es que puedes manejar el discurso, ser consciente de la falla y argumentar convencido al respecto de ella, pero las emociones van a tardar mucho en adaptarse. De igual manera a como un hombre puede saber que la araña que sostienen en la mano no le hará daño, no implica que deje de sentir con angustia una opresión en su pecho; o así como el que argumenta con convicción contra el machismo se va a sonrojar cuando una mujer pague de su bolsa el taxi del que se están apeando. Razón y emoción. Siempre será más fácil trabajar la primera que la segunda, y siempre la primera será la vía para lograr un cambio a nivel emocional. El que sostiene la araña o el que rechaza el machismo no tienen la labor ya terminada, les falta trabajar sus emociones, pero llevan ya un muy buen camino recorrido.

Igual pasa con la mujer o el hombre gay. Probablemente sepan que ser homo no esta mal... ni bien, que únicamente es y existe ajeno a cualquier axiología. Quizá sepan que son tan valiosos como cualquiera y tal vez más, según sus características individuales. Posiblemente dominen todo este discurso, pero aún necesiten tener relaciones sexuales con la luz apagada, o todavía se nieguen abiertamente a decir que son gay. Razón y emoción, la diferencia entre saberlo y sentirlo.

Por esto, dentro de una pareja homo suele haber esa discriminación hacia el otro y hacia sí mismo, lo que lleva a coercionar al otro cuando muestra “demasiado” su homosexualidad y a reprimir la propia expresión, pera no parecer “tan“ homosexual.

Es este mismo tenor el que lleva a la comunidad gay en el mundo a segmentarse en sub grupos: leather, queens, rubber y etcétera, donde un grupo discrimina a otros según el grado en que manifiestan su homosexualidad. En general, como diría Goffman en su ensayo sobre el estigma, los que presentan el objeto de su estigma con mayor evidencia o notoriedad son puestos en lo más bajo de la jerarquía, mientras quedan en la cima del prestigio aquéllos a los que “se les nota” en menor medida.

...en una pareja homo existe una dinámica de competencia mucho más fuerte que en una hetero por las razones de género que mencionan los primeros párrafos y por el estigma, donde uno y otro tratarán de que sea a quien menos se le note que es homosexual. Por eso, en psicoterapia, no puedes tratar igual a una pareja que a otra, porque cada cual tiene sutiles características y claras necesidades que las diferencian.
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Sutra vitaminado.

Para quienes no se atrevían a preguntar, voy en seguida a sacarle provecho a mis súbitas vacaciones para, a lo largo de un sutra bien vitaminado, platicarte que onda con esos diminutos nutrimentos que se ocultan en todos y cada uno de nuestros alimentos; los que sin empacho se mezclan tan bien con el agua y como con el aceite.

Te presento a: Las Vitaminas!

Las vitaminas son sustancias químicas necesarias para el crecimiento normal y permiten evitar ciertas enfermedades. Están contenidas en los alimentos de origen animal, como en los vegetales, si bien en éstos últimos son más abundantes, particularmente en los vegetales frescos y las frutas. Se clasifican de acuerdo a su capacidad de disolución en lípidos (vitaminas liposolubles) o en agua (vitaminas hidrosolubles). Las vitaminas liposolubles, A, D, E y K, suelen consumirse junto con alimentos que contienen lípidos y, debido a que se pueden almacenar en la grasa del cuerpo, no es necesario ingerirlas todos los días; sin embargo, si dejaran de incluirse las grasas en la dieta, muy probablemente surgiría una carencia de algunas de estas vitaminas. Las vitaminas hidrosolubles, la mayoría de las que integran grupo B y la vitamina C, no se pueden almacenar y, por tanto, se deben consumir con mayor frecuencia, preferiblemente a diario.

Participan en la formación de hormonas, células sanguíneas, sustancias químicas del sistema nervioso e, incluso, material genético. Las diversas vitaminas no están relacionadas químicamente, y la mayoría de ellas tiene una acción en nuestro organismo distinta. Por lo general actúan acelerando o posibilitando los procesos químicos dentro de nuestro cuerpo, combinándose con las proteínas para crear enzimas activas que a su vez producen importantes reacciones químicas. Sin las vitaminas muchas de estas reacciones cesarían por completo.

La vitamina A es fundamental para la vista y el bienestar de la piel, el cuerpo la obtiene ingiriendo vegetales como zanahorias, brócolis, calabazas, espinacas, coles y papas, o en alimentos de origen animal como la leche, la mantequilla, el queso, la yema de huevo, el hígado y el aceite de hígado de pescado. El exceso de esta vitamina puede detener el crecimiento, afectar la menstruación, perjudicar los glóbulos rojos de la sangre y producir erupciones cutáneas, jaquecas, náuseas e ictericia.

Las Vitaminas B, conocidas también con el nombre de complejo vitamínico B, son sustancias solubles en agua, varias de las cuales son sobre todo importantes para asimilar los carbohidratos.

La tiamina o vitamina B1, permite que los carbohidratos liberen su energía y facilita la regulación de las funciones nerviosas y del corazón, se encuentra en las vísceras de cerdo, en los cereales, las legumbres, y cuando no se ingiere en suficiente cantidad, puede ocasionar problemas cardíacos, debilidad muscular y mala coordinación.

La riboflavina o vitamina B2, al igual que la tiamina, actúa en el metabolismo de los hidratos de carbono, grasas y especialmente en el de las proteínas. También actúa en el mantenimiento de las membranas mucosas. La encontramos en los productos lácteos, el hígado, huevos, cereales y las legumbres, pero cuando no ingerimos lo suficiente, la carencia de riboflavina puede causar irritación ocular, inflamación y la ruptura de células en la piel.

La nicotinamida o vitamina B3, participa también en la liberación de la energía de los nutrientes. Entre las fuentes de esta vitamina se encuentran el hígado, carne magra, cereales, legumbres y su carencia puede ocasionar dermatitis, diarrea y algunos trastornos mentales.

La piridoxina o vitamina B6 es necesaria para la absorción y el metabolismo de los aminoácidos, también actúa en la utilización de grasas del cuerpo y en la formación de glóbulos rojos. La podemos tomar de los cereales, las verduras y las carnes, cuando nos hace falta puede originarnos cálculos renales, problemas en la piel y hasta convulsiones.

La cobalamina o vitamina B12, es una de las vitaminas descubiertas recientemente. Es necesaria en cantidades extremadamente pequeñas para la formación de nucleoproteínas, proteínas y glóbulos rojos, y para el funcionamiento del sistema nervioso. La encontramos en las carnes rojas, verduras y cereales, y su carencia ocasiona anemia y algunos trastornos neurológicos.

El ácido fólico o folacina es una vitamina necesaria para la formación de proteínas en los músculos y la sangre; su insuficiencia en los seres humanos es muy rara.

La vitamina C es importante en la formación y conservación del colágeno, la proteína que sostiene muchas estructuras corporales y que representa un papel muy importante en la formación de huesos y dientes; también favorece la absorción de hierro procedente de los alimentos de origen vegetal y fortalece el sistema inmunológico que nos protege contra las enfermedades. Algunas fuentes ricas en vitamina C son los cítricos, las verduras de hoja verde y los tomates, su carencia puede causar hemorragias y la caída de dientes.

Vitamina D es muy necesaria para la formación normal de los huesos y para la retención de calcio y fósforo en el cuerpo, también protege los dientes y huesos contra los efectos del bajo consumo de calcio, haciendo un uso más efectivo del éste y del fósforo. Está en los productos lácteos, huevos, aceite de hígado de pescado y podemos sintetizarla mediante luz ultravioleta proveniente del sol.

Vitamina E se encuentra en aceites vegetales, germen de trigo, hígado y verduras de hoja verde, participa en la formación de glóbulos rojos, músculos y otros tejidos y alarga la vida útil de la vitamina A y las grasas. Su carencia causa anemia.

Vitamina K es necesaria principalmente para la coagulación de la sangre. Las fuentes más ricas en vitamina K son la alfalfa y el hígado de pescado, que se emplean para hacer preparados con concentraciones de esta vitamina, además de todas las verduras de hoja verde, la yema de huevo, el aceite de soya y el hígado.
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Sutra salvaje.

A unos pasos de la incandescente fogata, los tambores resuenan con un bit frenético; las percusiones golpean tu pecho y desde adentro tus latidos golpean de vuelta, la sangre se concentra, ignoras si ese ritmo salvaje aún proviene de los tambores frente a ti o de tu corazón que brama como un depredador hambriento… y lo cierto es que latidos y percusiones resuenan sobre el universo al unísono, cada uno más poderoso que el anterior. Fiebre coloreando tu rostro, sudor que salpica las llamas, delirio que nubla tu mente; te mueves danzando como jamás creíste poder hacerlo y los espíritus danzan alrededor de ti... contigo.

Pausa. Respiremos un poco... despacio... y abramos espacio para un Sutra Salvaje.
Por aca, desde esta tierra mestiza donde yo te escribo, todo el mundo sabe que si eres una persona civilizada no vas a rascarte el trasero cuando te de comezón, salvo con discreción y en lo oscurito; no vas a eructar en público, porque es de mal gusto y te van a ver feo; no cojeras y vas a actuar como si fueras una angelical criatura que no tiene ni necesita del sexo; no te desnudarás, no tocarás demasiado a los demás, no levantarás la voz dejándola volverse un rugido que rasgue las frías calles de esta colmena mecánica en la que habitamos. No parecerás, para hacértelo breve, una bestia salvaje.

¡Cuán malo es en esta sociedad dejar manifestarse a lo salvaje...! que pena que sea precisamente de ahí, de eso que el hombre se niega y se amputa, de donde surge la chispa que da y mantiene la vida. El extremo de este absurdo es el conocido ícono proscrito con figura humana, pezuñas y rostro de macho cabrío que pasó de la noche a la mañana de ser dios de los bosques a convertirse en emblema absoluto del mal y la perdición, convirtiendo así no sólo a lo salvaje en algo malo, sino en Lo Malo per se.

Pese a todo, no podemos entrar en el juego dejándonos convencer: los hombres, y quiero decir hombres y mujeres, provienen justo de allá afuera, de la sangre y lo salvaje, de los bosques y de las montañas, de los mares, las selvas y de los desiertos; se alimentaban de lo que les rodeaba por medio de sus propias manos y mamaban a sorbos su fuerza y energía de la Tierra. De pronto, un día, decidieron emigrar a la gran costra de asfalto y se instalaron a sus anchas, subyugaron su entorno y se avergonzaron de su pasado, tratando, te juro que trataron, de olvidar aquello dónde habían venido.

Pero ese origen lo tenemos tatuado al tuétano de los huesos; aún tenemos los mismos cuerpos esculpidos de roca, la misma sangre arrancada a las mareas que vomita el océano, el mismo aliento que hurtamos a los dioses del viento, el mismo espíritu inagotable encendido con el primer fuego que ardió sobre Creación.

¿Parece poco?

La búsqueda del olvido llegó cuando dejamos de dialogar con lo natural y le negamos su sentido; cuando creímos que los árboles no nos responderían más y decidimos tomarnos personal el que las fieras nos devoraran; cuando creímos que la última tormenta que enfrentamos desnudos, fue la saña de un castigo frente a designios insospechables. Entonces nos divorciamos de la Tierra y nos emancipamos.

Pero renunciar a la Tierra fue a la vez renunciar a nosotros y arrojarnos a un frío y vacío exilio, donde nos quedamos abandonados y a la defensiva frente al Universo. Entonces declaramos esta guerra campal contra los otros y nosotros, para luego quedarnos sin posibilidad de volver a casa.

De cualquier manera, siempre envidiamos a las demás bestias y alimentamos inagotables nuestro miedo a sus garras, fauces, cuernos, venenos… ocioso es decir que igual los alimentamos a ellos al estar inexorablemente suscritos a la cadena alimenticia. Fue siempre claro que el hombre de antaño no contaba con tan portentosas armas, por eso heredamos ese deseo inconfesable de dominar, subyugar y eliminar a los que en ese entonces nos incluyeron no muy gentilmente en su dieta.

Es una tenebrosa herencia, sin duda, además de ambigua. Por nuestra sangre y espíritu corre el miedo a la Tierra porque nos creemos vulnerables; el rencor a los elementos por hacernos víctimas de lo que creímos que era saña, los celos frente a las bestias por contar con las herramientas que a nosotros nos fueron negadas… pero, en paralelo, estamos condenados a ese deseo de volver al seno de la Tierra; a las ganas de liberarnos y rugir con estrépito; a la necesidad de amigarnos con el lobo y dejar de temer...

Estamos condenados a extrañar el hogar y no permitirnos regresar jamás, primero lo destruiríamos antes de flaquear en contra nuestra permanente y triste necedad.

Pero el ímpetu de los tambores aún se escucha atronador y hace temblar las estructuras de nuestra sólida megalópolis, mientras nos arranca a jirones lo humano, dejando a la bestia desnuda, flirteando con los elementos, embriagada y extasiada al contemplarse a sí misma en el corazón de la verdad única: que no hay tal exilio ni la Tierra le ha olvidado, que el Universo le aguarda con paciencia y que su inconmesurable centro, la cuna de todo, amenaza con desbordarse del pecho del hombre mientras éste danza en torno a la hoguera al frenético ritmo de las percusiones.
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