2010: el año en que sentamos cabeza

Medio distraídos por la navidad, ni oportunidad tuvimos de ponernos alegres por la aprobación del matrimonio entre hombres y mujeres homosexuales. Este acontecimiento, que casi pudo arrastrar al soponcio a ciertos líderes ideológicos que no están de acuerdo con la noticia, da un giro al modo en que cientos de personas gays se planteaban su propio proyecto de vida: uno crece, consigue un trabajo, una pareja, forma una familia y etcétera; especialmente cuando se es heterosexual. Ya ves, todo cuanto dice el manual tradicional de cómo uno debe vivir, una versión sofisticada y aumentada del “nacer, crecer, reproducirse y morir”. ¿Qué implica hoy tener la posibilidad de contraer matrimonio?

Fundamentalmente eso, una posibilidad. Si anteriormente una mujer o un hombre gay no se casaban, era porque no podían; hoy si no se casan es porque eligieron no hacerlo. Es una diferencia sutil, pero importantísima cuando hablamos de existir en un contexto social que nos da o no los recursos necesarios para vivir plenamente. Pero, ¿quién no querría casarse, pudiendo hacerlo y habiendo encontrado a la persona adecuada?; las opiniones ciertamente se dividen.

El matrimonio suele dar origen a instituciones importantísimas para el funcionamiento de nuestra sociedad, como la familia o el divorcio. Hace un par de días encontré en un periódico una entrevista que expresaban algo acerca de la tradición que envuelve el matrimonio, y me parece que tienen algo de razón: la mayor parte de los mexicanos hemos crecido tradicionalmente programados para un día casarnos; que si de blanco, que si la ceremonia en el jardín de la tía fulana. Hay muchas personas a las que esto de casarse les hace mucha ilusión; cuando una pareja da ese paso, la relación cobra un cariz de mayor seriedad y más compromiso social de mantenerse juntos; que en el caso de las parejas gay no es algo que nos venga nada mal.

Por una parte, efectivamente muchas parejas del mismo sexo truenan al primer conflicto, o lo hacen desencantados cuando el enamoramiento ha terminado. Hasta ahora era exclusivo de las parejas heterosexuales el que las leyes impidieran que la pareja se disolviese fácilmente, desde el año que inicia este factor también incidirá en los matrimonios gay, quienes además  tendrán la posibilidad de compartir beneficios legales como el seguro social, la pensión o la posibilidad de compartir o heredar bienes. Son ventajas nada desdeñables.

Por otra parte, opino que nuestra sociedad tiene al matrimonio tan sobrevalorado que solemos ponerlo por encima de la calidad de vida de quienes integran la relación, como sucede con algunas parejas heterosexuales, donde una vez surgida la violencia intradoméstica, la pareja permanece unida por no vulnerar la sagrada institución del matrimonio. Puede ser algo para pensarse. Hay quienes dicen que con el matrimonio inicia el tedio y la rutina, tu pareja empieza a tener menos detalles contigo o uno mismo comienza a verle seguro o segura en la relación y dejamos de echarle ganas. ¿Cómo sería tu relación de pareja si mañana te casaras?

En términos generales, la relevancia del matrimonio estriba en que con él empieza la familia, y es precisamente ese un debate que para la sociedad mexicana queda todavía como una asignatura pendiente: ¿qué es la familia? Hasta hace poco, los programas de televisión, la mercadotecnia y las consejas de nuestros abuelitos nos hablaban de familias “funcionales” porque estaban compuestas de una mamá, un papá, uno o dos hijos (sí, de preferencia la parejita de hijos) y un perro. Hoy en día todos sabemos de familias sin el papá o sin la mamá, familias con dos mamás, sin hijos, con dos papás e incluso sin perro; y todas ellas funcionan. Entonces, ¿cómo es la familia ideal? Actualmente no estamos seguros de que algo como “la familia ideal” efectivamente exista.

Por eso carece de sentido afirmar que la existencia de los matrimonios entre personas homosexuales agreda o trastoque el modelo de familia, porque no hay tal modelo “único” de familia. Así como con las sexualidades, también entre las familias hay diversidad, y el matrimonio gay con sus hijos naturales o adoptados serán simplemente un modelo más de los muchos que hay cuando hablamos de familia.

Y entre tanta diversidad, muy probablemente habrá también las parejas que no querrán casarse teniendo la alternativa de hacerlo, será lo adecuado si así lo deciden; la cuestión aquí es tener la alternativa. Para muchos o muchas hay un encanto especial en esto de permanecer en el noviazgo, que en lo absoluto suena a quedarse estancados: ser novios es recordar cada día que el otro está a lado de uno porque desea estar, sin imposiciones legales o sociales, es recordar tener de cuando en cuando un detalle que le haga enamorarse todavía más, y más si es aún posible. Lo mismo con ellos que con ellas.

La propuesta en el tintero, seria considerar si lo que tu pareja y tú necesitan es efectivamente el matrimonio; si así es, ¿qué tal planearlo con tiempo para ir afinando la idea?, ¿habrá una ceremonia además de la firma en el registro civil?, si es así, piensen cómo se les antoja esa ceremonia: investiguen rituales nupciales en la nuestra u otras culturas e identifiquen cuál le queda más al estilo de pareja que son, a sus gustos, a sus fantasías, o inventen su propia ceremonia; contrario al cliché tradicional, no tiene que ser un evento multitudinario, ni costoso, o solemne, pero si puede ser todo lo especial, divertido u original que ustedes prefieran; finalmente, se trata de una fiesta.

Eso de las bodas resulta un excelente aderezo para la pareja; pero en ningún caso sirve como una medicina para tu relación. Si la intención es mejorar la forma en la que tu pareja y tú se relacionan, te recomiendo que lo piensen de nuevo y elijan otro momento para tomar esa decisión.

¿Tu relación cruza por un buen momento?, ¿ambas o ambos están pensando positivamente en el matrimonio?; si ambas fueron “si”, es el momento de empezar a hacer planes.

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Después de ver Ávatar

Vengo de ver Avatar, la película de James Cameron que, según los críticos, es un salto crucial en el modo de hacer películas animadas, y puede que películas en general. La vi, todas las escasas tres horas que dura, y no dejé de sentirme fascinado por su belleza visual, la música... y también hacerme algunas preguntas que todavía me trato de responder:

  • ¿Cuánta más tecnología necesitas para sentir que haces contacto con quienes dices amar?
  • ¿Cuánto mide el esfuerzo que necesitas para VER a quienes amas, para en verdad TOCARLOS?
  • ¿Cómo harías para que ellos sintieran que tu en verdad los estás viendo?
  • ¿Compartirías la opinión de que la tecnología que inventamos solo es un paliativo ante los fragmentos de nuestra naturaleza a los que vamos renunciando?
  • ¿A qué fragmento de ti has renunciado?
  • ¿Qué es lo que verdaderamente te hace falta?
  • Si puedes sentir tu mano como parte de tu cuerpo y no como una mano adherida al resto de lo que eres, ¿porque razón no te sientes tu parte de ese árbol, o de este viento?
  • ¿Hay posibilidad de que existamos amputados del resto de cuanto nos rodea?
  • ¿Qué tan lejos, que tan cerca, que tan parte eres de cuanto te rodea?
  • ¿Qué es lo que a ti te rodea?, ¿hay montañas, árboles, viento, animales, personas?
  • ¿Cómo sería sentir que formas parte de tanto?
  • ¿Les escuchas?
  • ¿Les has sentido oírte?
  • ¿Seguirías temiendo a la muerte si supieras que eres, fuiste y siempre serás parte de este todo que te envuelve?
  • ¿Temerías a lo desconocido?
  • ¿Volverías en tu vida a sentir soledad alguna vez?
  • ¿Cómo sentirías al universo si fueras un residente del cosmos, a veces de esta forma, a veces con otra?; ¿qué tal si mañana fueses flor, fruto, o una consciencia liberada?
  • ¿Te das cuenta de cuánta eternidad has existido?
  • ¿Cómo cambiaría el ritmo de tu vida a partir de saber toda tu eternidad?
  • ¿Qué sería realmente lo importante?
  • ¿Imaginas sentir que perteneces a cada rincón del universo, que eres familiar a cada ser vivo sobre esta Tierra?, ¿volverías a ser un forastero?
  • ¿Qué eres; eres como dices llamarte, lo que sea que haces, cosmos, energía, un accidente en el universo o eres en ti un estadio de la evolución del cosmos, un paso delante de todo cuanto existe?
  • ¿Qué tan lejos necesitas ir para apartarte suficientemente de la Naturaleza?, si la llevas contigo a donde vayas, en tus poros, en tu cabello, en tus células y en tu esencia.
  • ¿Volverías a sentirte avergonzado de algo, si recordaras a cada instante el fragmento de universo que heredaste; el fragmento de infinitud que eres?
  • ¿Cuándo fue la última vez que agradeciste a la Tierra que pisas el cobijo que te da?
  • ¿Alguna vez pensaste que es la Tierra en que habitas la que te obsequia cada día esa caricia a la que tú sientes como un hogar?
  • ¿Cómo se siente un hogar?
  • ¿Qué le das a cambio al fragmento de Tierra al que llamas hogar?
  • ¿Podría ser el cuidado que te da esta Tierra que pisas, similar al cuidado que una madre tiene por su cría?
  • ¿Has sentido cómo te acaricia el viento; o recuerdas el tacto de una ola sobre tu piel?
  • ¿Sientes, incluso, tus ojos al moverse leyendo estas líneas?
  • ¿Sientes al aire cuando al inhalar lo invitas a cruzar tus fronteras?
  • ¿Crees que entre tú y el mundo, en verdad existen fronteras?
  • ¿Dónde empiezas tú y donde termino yo?
  • ¿Cómo harías para que quienes amas sientan que contigo forman parte de una misma energía, o de una sola esencia?
  • ¿Crees en el espíritu?
  • ¿Llamarías hermana a una llanura?; ¿quizás a la espesura de un bosque?
  • ¿Te parece absurdo?
  • ¿Prefieres sentir que estas desconectado?
  • ¿Llamarías padre al sol que te quita el frío?
  • ¿Si creyeras en que no hay límites entre tu mano y una brizna de pasto atrapada entre tus dedos, te sentirías tan antiguo como un árbol; tan fuerte como una montaña?
  • ¿Si sintieras al viento que inunda tu ser, desde tus pulmones hasta tus dedos, tu cabello, tus moléculas, reconocerías el poder de un tifón guarecido en tu interior?
  • ¿Te has detenido a pensar qué sensación tiene de ti el universo?
  • ¿Qué sienten por ti las aves?
  • ¿Temerías a una cucaracha caminando por tu pecho?
  • ¿Alguna vez le pediste al lugar al que llegas, el permiso para explorarlo?, ¿has sentido cuando ese lugar te permite estar?
  • ¿Si supieras que no hay fronteras entre lo que eres y lo que yo soy, que eres de la misma materia y escancia que cualquier ser humano, reconocerías a Dios en ello?
  • ¿Sufrirías del temor a Dios si vieras que tu, al igual que el árbol que esta más allá de tu ventana, que el viento, que la tierra, eres un componente esencial de Su ser?
  • ¿Creerías en tu propia grandeza si creyeras en que de no haber existido tú, Dios existiría incompleto e inacabado?; ¿en que cualquier otro ser humano existiría incompleto e inacabado?
  • ¿Proviniste de los dioses, creaste tus dioses, o eres parte de ellos?; ¿que necesitas para dejar de hablar de Dios como una tercera persona?
  • ¿Al final de cuentas, de quién eres superior, o de qué?; ¿frente a qué eres inferior, si la grandeza del cosmos reside en tu misma existencia?
  • ¿Nos sientes?
  • ¿Notas cómo respiramos juntos?
  • ¿Te das cuenta cuánto me necesitas, y a la vez la falta que me harías si no estuvieras?
Si ya la viste, quiza tu tengas algunas respuestas que obsequiarme.

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